Por qué digo que no sé nada.

Sé analizar oraciones, leer textos, sé trazar elipses y escribir su ecuación, sé porque se juntan los elementos, porque hierve el agua, porque hay estaciones, sé cómo respiro, cómo digiero la comida, sé como fue la vida hace cincuenta años y su sociedad y su economía. Tanto sé y no sé nada.

Todavía no sé cómo se olvida una persona a la que se ama, ni dejar a alguien sin hacerle sufrir, no sé como agradecer todo el amor a una madre, no sé cómo no llorar cuando se muere alguien, no sé cómo no extrañar el pasado, no sé como discutir sin hacer mucho daño, no sé como contentar a todo el mundo, no sé si hago lo mejor para mí misma, no sé no tener miedo por lo que vendrá en el futuro, a veces… no sé ver la felicidad, a veces no sé valorar lo que tengo.
No sé cómo arreglar el mundo, no sé porque existe el hambre, el sufrimiento, las penas, la desigualdad, las injusticias, los desprecios, la violencia…

No soy inteligente, sé bien poco, casi no sé nada.
Leo. Leo mucho.  Pero no encuentro respuesta para el dolor de mi alma.

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